Carta de un Filósofo a otro (II)

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    Amargo Obrero:

    No dejo de mencionar el popular aperitivo en su circularidad trascendental. Me place responder tu prosa esponjosa, aguardentosa, plegadiza hasta la vulvaridad (como si el escroto fuera liso antes del centenario).

     

    Me place también notarte ubérrimo y subrepticio, de sólida raigambre articular.

     

    Pero en fin, de reuma eres y al polvo volverás: puro atavismo.

     

    En efecto, ya el padre Hesíodo, en su rendición de Días y Labores (sigo el criterio de la rema) lo señala: "jamás masacres a una mosca". Porque me extraña, Mosca, que siendo Araña, no me conozcas.

    Eran innecesarias tus disculpas respecto a la celeridad, así como la alusión a ese mexicano orejudo y a la castración parcial del hermafrodita, ya condenada por Homero: "hasta la inmunda babosa deja su huella de plata en la tierra".

    Sí aplaudo el silencio respecto a tus intestinos, tu gastritis, tu insomnio, la sombra de Descartes junto a la de Destouches y otros pantagruelismos. Se me pone la piel de faisán cuando casi llego a columbrar los agujeros de tu calzado edípico.

     

    Y me conmueve la humildad priápica de quien sabe quién la tiene más grande: muchos demostraron el guachismo por lo absurdo y quedaron con una sonrisa de oreja a oreja.

    Hasta allí la exposición de tu estatuto filosófico, en la tradición académica. A partir de allí el comentario de mi opera magna, mi
    floruit, por llamarla de algún modo.

    Me llenó de asombro la pacatería albigense, su temor a que la flor se abriera, el licor desdeñado por Heathcliff... Pero los celos no deberían cundir yaciendo la heráclida en tu ergástula.

    Jamás hollaría los caminos que llevan a lugar alguno, pues es territorio meado por Caperrojita Soviet. Se ha quedado con las almadreñas de van Gogh para romperle las bolas a Göring. Porque la verdad huye a la obra de arte, ocluidas la
    piedad y la lógica científica, inútiles para agasajar a Goebbels.

    Me alboroza que hayas gozado de la
    galletita. Seguramente te darán el Oscar. Desde ya quedas nominado para el Wilde.

    Porque fue precisamente a instancias del académico destacado, a quien no mencionaré (sus iniciales son J. -como de Jürgen- y H. -como de Habermas-),
    la cosa no se podía investigar y por no haber fondos tuvo que venir el gallego a poner sus huevos y sus ahorros.

     

    Sólo por eso no pudo ser el tema de tu luengamente habida tesis post-doctoral.

    Tu escasa iniciativa, propia de la resignación proletaria es precisamente la causante de todo este
    pandemonium.

    La repercusión más trascendente ha acontecido en el antro pompaelino (según Caperrojita) donde nuestro común amigo lee con total premura a Heide-Ecker.

    Me apena reconocerlo, mi ego tiene existencia separada (como el de Asimov). No me contesta al teléfono. Pero me pasó un e-mail. Abolió el perineo. Lo tiene en estado de
    Aufhebung.

    Yo,
    Sacro Aristotelista Máximo