descargar libro ami el niño de las estrellas completo pdf

Las primeras citas con La Dona de les Veles (mi sicóloga) fueron mucho más frías que el beso de un dementor. Los misterios del Chaval de las Estrellas costaban dinero, y sin ellos fuera, no dejaría de padecer. No le agradaba proceder a solicitud, pero la terapia era algo que le asistía. Toda vez que charlaba con aquella señora de pelo negro y salón de incienso sangraba cincuenta euros. Sus expresiones debían ser de oro, si bien El Chaval de las Estrellas aún no lo sabía. Charlaban de lo impresionantemente mal que le iba el curso (2º de Bachillerato). Tengo la seguridad de que si en ese instante le hubieses preguntado sobre los Reyes Católicos, te habría dicho que solo se habían repasado las frases subordinadas. Y si le hubieses preguntado sobre gramática, la explicación habría sido que lo propio son las ciencias precisas, los elementos de la tabla periódica y las composiciones químicas de colores radiactivos. No tengo claro que El Chaval de las Estrellas supiese verdaderamente algo de nada; lo que se encontraba claro es que tenía inconvenientes. La Mujer de las Candelas fué esencial en la primera guerra en este planeta fallecido donde los sueños llegan descalzos y despeinados en ninguna parte. Al comienzo solo le contaba cosas simples. Ceros redondos en matemáticas, que deseaba estudiar periodismo y que detestaba a aquella señora que fumaba bastante y vivía en su casa (si a mudarse cada un par de años se le puede llamar tener casa), a la que el corazón no le dejaba decir mamá. Chaval de las Estrellas tiene ojos pizpiretos, es un individuo desconfiada por naturaleza y no le ponía el trabajo simple; el silencio ocurría sin llamar. ODIAVA esos silencios. Y detestaba esos silencios por el hecho de que eran los silencios mucho más costosos de todo el mundo. Claro, él pretendía llegar y que le afirmara qué realizar para arreglarse la vida, irse a «casa» y no regresar. Pero esto no marcha. En el momento en que el Chaval de las Estrellas no sabía qué realizar con estos silencios soltaba una gilipollas. Se encontraba algo ido. Pero, claro, es que ella era sicóloga y comprendía bastante de gilipollecos. Y de locos. Obtener sus sentimientos era de qué forma hacerle una analítica a una piedra. Se resignaba a requerir asistencia, se sublevaba contra el planeta como buen diecisiete años que era entonces. Él era superguay. Lo mucho más. Lo mejorísimo, y también sin dependencia de todo el mundo. El crème de la crème… Patraña. Caía. Constantemente, tropezaba con su orgullo. Precisaba asistencia. Y hasta el momento en que no lo aceptó, no lograron librar la primera guerra propósito «Felicidad». Aquella vez, una gota de sangre afloró de La Pedra, digo, del Chaval de las Estrellas. Y comenzaron las sesiones ventajosas: 650 € Que lloraba solo. Que escuchaba canciones tristes en el momento en que se encontraba triste. Que no soñaba a la noche ni tenía un óptimo fundamento para despertar. 900 € Que comenzaba a suponer que jamás lograría ser periodista. Segundo de Bachillerato se esmeró bastante en hacerle medrar, en hallar que saliese adulto al planeta. Pienso que jamás logró muchos exámenes seguidos como ese año (y merced al cielo, jamás volverá a hacerlos). 1,050 € Que le teme al instante de quedarse solo. Vender recuerdos, obtener olvidos. Que se había vuelto cobarde, y ya hace cierto tiempo, por las noches, desaprendió a reposar. Que en este momento solo sabe quedarse dormido. Que este procedimiento le convirtió, sin solamente caer en la cuenta, en un genuino cinéfilo. Absolutamente nadie como él (o yo) sabe discernir entre una película para reposar y una película seriamente (La Vida de Adèle). 1,400 € Que detestaba a mi madre. La sesión de los mil cuatrocientos fue esencial. La Mujer de las Candelas le preguntó algo que me agradó bastante. Fue algo de este modo: —¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de la vida, Christian? —Esa es la primera oportunidad que escuchas la voz, amado lector. Es dulce y pausada. Es una de esas voces pomada que todos requerimos. El Chaval de las Estrellas rebobinó la película de su historia tanto como la memoria se lo dejó: Mi primer recuerdo de la vida son los chillidos de mi madre… Mi primer recuerdo de la vida es El Señor del Bigote Negro arrastrándola de los pelos en el baño. La sacudía atroz, abusando de su fuerza sucia. La estrellaba de espaldas contra el bidé, estiraba la cabeza atrás, hacía 2 de sus dedos sucios en la boca, abría el grifo y atragantaba la garganta con el chorro de agua. Recuerdo los brazos de la Mujer Que en Voz de Respirar, Fuma, sufriendo cerca de la escena… Los dedos de los pies descalzos agarrotados… Esta tos ahogada. Y ahora. Es un recuerdo pequeño pues entonces, El Señor del Bigote Negro me miraba con el odio en las pupilas y cerraba de un portazo. El recuerdo cierra las cortinas con mi mirada oculta bajo la cama, apagándose en mi cabeza con los chillidos atragantados de La Mujer Que en Voz de Respirar, Fuma. Mi segundo recuerdo de la vida son tinieblas… Mi segundo recuerdo de la vida era despertarme en una cama donde no me había dormido. Tenía unos 4 años y la estancia olía a tabaco y castigo. La vivienda del Señor del Bigote Negro siempre y en todo momento me aterrizó. Las cortinas eran grises, había muchas figuritas de cerámica y en las mesas había un cristal que descansaba sobre mantel de encaje blanco. Él no era mi padre y no vivíamos con él, pero en el momento en que a mi madre (La Mujer Que en Voz de Respirar, Fuma) le daba un ataque de disparidad amor, me llevaba dormido en su casa. ¿Recuerdas en el momento en que tu madre te llevaba del sofá a la cama en el momento en que te quedabas dormido en el salón observando La Cenicienta o El Rey León? Ya que mientras que la tuya hacía esto, la mía se fumaba un cigarro llevándome a casa de nuestro maltratador personal. Yo me despertaba de madrugada muy sin luz gracias a unos gemidos vehementes que vienen de algún rincón de tras la puerta. Con 4 años un niño no sabe discernir entre gemidos de mal o de exitación. Pero da lo mismo, esos chillidos eran de mi madre. Y sucede que entonces había visto tantas tundas, tantas cosas que ningún niño debería ver… que sospecho que yo era la criatura que les hacía el polvo de las 4 de la mañana por el hecho de que comenzaba a plañir. Primero lloraba poquito y en silencio, palpando lo que no era mi cama, implorándolo a un Dios pobre que solo fuera una pesadilla. Que no estábamos otra vez en esa casa. Susurrando desde bajo la manta: «mamá…». Y después bastante y chillando: «¡Mamá!, mamá, que no te

Individuos

En la historia que hemos exhibido en el Resumen de Ami, el niño de las estrellas, es simple comprender que los dos individuos mucho más esenciales son nuestros personajes principales. Ahora vamos a definir sus primordiales especificaciones.

  • Pedro. Es un niño de nueve o diez años, bastante interesante y amable. Es nuestro primordial personaje principal, un pequeño que vive con su abuela. Va a la vivienda en la playa que arriendan cada verano, y aquí, una noche, está con Ami.
  • Ami. Es un extraterrestre, originario de un mundo llamado Galáctica Nina. Los libros lo describen como un niño bajo, con cara inocente, de ojos enormes y extraño acento. Tiene muchos mucho más años que los ocho que Pedro afirma que aparenta. Viaja a la tierra con una misión en concreto: ayudar a que distintas planetas evolucionen a través de la Línea de Asistencia.

Individuos

Para comprender mejor el Resumen de Un viejo que leía novelas de amor, tienes que leer ciertas especificaciones de los individuos que dinamizan esta novela con aire de naturaleza:

  • Antonio José Bolívar Proaño. Un adulto mayor mayor de sesenta años, viudo y solitario que llego a Idili con su mujer Dolores. Con la desaparición de su pareja, entra en depresión y no halla razón de vivir, pero conoce a la tribu Shuar quien le muestre otro lado de la vida. Además de esto, le agrada leer novelas de amor.
  • El alcalde. Un déspota hombre llamado “la babosa” por su condición de sudado en todo momento, detestado por la mayor parte de los campesinos. Es la antítesis de los valores, injusto, violento, obtuso y también desinformado de las reglas de la naturaleza.
  • La red social de los Shuar. Indígenas autóctonos de toda la zona de la Amazonia Ecuatoriana, tenían varios entendimientos de caza, pesca, curaciones y supervivencia en la selva salvaje, tenían reglas de protección de la vida, la flora y la fauna silvestre. Antonio José aprendió bastante.
  • Rabicon Loachamin. Era el dentista del pueblo, la desventaja es que solamente se asomaba a El Idilio 2 ocasiones por año para reparar los dientes a los indígenas. Era el más destacable amigo de Antonio José. Con él conoció varios cuentos de amor con finales contentos.

ADVERTENCIA

 

(Apuntada solo a los mayores)

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