una niña privilegiada un libro del campo de concentración

Por José Luis Trueba Lara

6 de agosto 2022.

Gaby

Por Soledad Vallejos

«¿De qué forma era ? se pregunta Gabriela Saidon al promediar La montonera, mientras que se desliza ciertos datos para ir trazando el perfil: «Se casa por vez primera a los 24 años, recorre un sendero político de ‘salida’ del comunismo con su marido (…) se’ n va abriendo otro sendero al lado del cristianismo, el nacionalismo y el peronismo, con el marxismo como telón de fondo y como continuidad, (…) solamente un par de años tras haberse casado se conquista de este chaval nacionalista católico siete años mucho más joven que ella (Fernando Abal Medina), se va a vivir allí y con él participa del nacimiento de una exclusiva organización que apuesta en el sendero de las armas». De qué manera era Regla Arrostito, entonces, es el interrogante. «Dura» y «tierno», responde Saidon, «minuciosa» asimismo, «limpia», lectora, matera… En ocasiones, la búsqueda queda perdida en las brumas de un retrato que quizá debe bastante a la reproducción del archivo y hemeroteca , al tomar juntitas (y reproducir) presentes valiosísimos que, no obstante, podrían desmenuzarse a partir de interpretación y confrontaciones (pero «no es el propósito de este libro evaluar»). Regla Arrostito, «Gaby», en el testimonio de su compañera y amiga Antonia Canizo, llevaba su militancia a los movimientos mínimos: con Abal Medina, su compañero, «era mucho más seca o mucho más tímida» de lo que él lo era con ella , «pues con este tema de la militarización se cortaba bastante la afectividad». Hubiese, prosigue Canizo, amado tener hijos, «pero el deber componente» pesaba mucho más: no era viable. Años mucho más adelante, soñó con casarse de blanco. Mucho más aún: si no logró un puesto aún más importante en la conducción de Montoneros fue por una cuestión de género: «Este techo de cristal es verdadera, existe. En las ocasiones límite, una mujer consigue un nivel de poder de resolución. En Gaby pienso que primó la resolución del hombre, de Mario (Firmenich) y de los que estaban en ese instante», cuenta Canizo en Saidon. Su cuerpo se disputaba, en términos simbólicos, como premio: lo fue para sus compañeros componentes (que veían en ella, expone a Saidon en entre las escasas y provechosas interpretaciones de La montonera, la puesta por tener el prestigio, el poder, el halo del líder fallecido) que, como Firmenich y Galimberti, se esmeraron por publicar supuestas relaciones cariñosas con ella; lo fue, asimismo, para los represores que lo exhibían como alegría invalorable y única en la ESMA. Fue la viuda, la guerrillera que participó de la fundación mítica y choceante de Montoneros (el rapto de Aramburu), la eclipsada por la clandestinidad obligada. Y, no obstante, quién era ella aún no se sabe, por lo menos no mientras que se le prosiga reconstruyendo con estos modelos. El interrogante podría ser: ¿de qué manera narrar por fuera del molde de la épica (el formato del salve, pero asimismo de la reivindicación) para lograr crear una memoria de lo que, no de forma casual, no acostumbra ser parte de las memorias? O: de qué forma plantarse para visibilizar algo que –perconflictivo, por su capacidad desorganizador de categorías que (todavía el día de hoy) prosiguen en desarrollo, por su enorme aptitud para regresar aún mucho más complejo ese mapa que prosigue incompleto– o desborda el modelo épico, ¿o pierde todas y cada una de las aristas si se ajusta? Las respuestas cuestan. Y sucede que el enfrentamiento aquí viste, por decirlo tangueramente, polleras: cuál era el sitio de las mujeres en la guerrilla, quiénes eran ellas, como la cotidianeidad de las mujeres componentes en organizaciones políticas (de misión y programa totalizadores) que impregnaban la vida popular y también individual en su extensión… Hete aquí la carga que, todavía el día de hoy, cuesta inhabilitar, hasta el punto de que en las narraciones de la guerrilla y de la opresión hay un enorme vacío: el de lo diario. Y sucede que, tras el estatuto de la salvedad, debe existir uno mucho más allí.

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